Cuando ocurre un accidente con muchas personas afectadas —un choque múltiple en carretera, un incidente ferroviario, un incendio en un recinto, un derrumbe, una explosión o un evento con gran afluencia— el problema principal no es “hacer medicina” en sentido clásico. El problema es organizar.
En un escenario así, si cada equipo actúa por impulso, aunque sea con la mejor intención, aparece lo que todos los servicios temen: caos operativo. Se pierde tiempo, se duplican tareas, se saturan las comunicaciones, se colapsa un hospital mientras otros quedan infrautilizados, se “pierden” víctimas sin registro y la escena se vuelve insegura.
Para evitarlo existen los protocolos de Incidentes con Múltiples Víctimas (IMV): un conjunto de reglas simples, repetibles y entrenables que permiten responder con orden cuando la presión es máxima.
1) Qué es un protocolo IMV (y qué no es)
Un protocolo IMV es, esencialmente, una metodología de gestión sanitaria táctica para incidentes con varios afectados. Define:
- Cómo se manda (quién dirige y con qué estructura).
- Cómo se organiza el espacio (zonas y circuitos).
- Cómo se prioriza (triaje).
- Cómo se trata sin colapsar (tratamiento por prioridades).
- Cómo se evacua sin descontrol (PCAMB, destinos y “norias”).
- Cómo se comunica y registra (disciplina radio y trazabilidad).
No es un “manual de clínica avanzada”
La clínica está, por supuesto, pero el centro del IMV es otro: hacer que la suma de recursos sea eficaz, minimizando pérdidas por desorganización.
No es igual que una catástrofe
En un IMV hay “mucho”, pero aún es manejable con un sistema reforzado. En una catástrofe, la desproporción se vuelve masiva y sostenida, y se requiere apoyo externo amplio y reorganización prolongada.
2) Por qué los protocolos IMV salvan vidas
En una emergencia con una víctima, lo normal es dedicarle todo lo necesario. En un IMV no siempre se puede. Esto es duro de decir, pero es la base ética operativa:
Se prioriza para salvar al mayor número posible de personas.
El protocolo IMV evita errores típicos que cuestan vidas:
- Atención prolongada a un solo paciente crítico, consumiendo recursos que podrían estabilizar a varios.
- Evacuación desordenada (ambulancias que salen “cuando pueden”, sin destino coordinado).
- Colapso hospitalario (todos al mismo centro).
- Escena insegura (entrada sanitaria sin control de riesgos).
- Comunicación caótica (mensajes largos, repetidos, sin confirmación).
- Falta de registros (personas sin identificación, sin destino claro).
Un buen IMV no “hace milagros”, pero reduce la mortalidad evitable por desorganización.
3) La idea clave: pasar de “atender” a “gestionar”
En un IMV los equipos sanitarios hacen dos cosas a la vez:
- Asistencia sanitaria (triaje, estabilización, tratamiento).
- Gestión táctica (mando, flujos, logística, evacuación, registros).
Si falta la segunda, la primera se vuelve ineficiente.
Por eso muchos protocolos IMV se parecen entre sí: cambian nombres, siglas o estructura local, pero el “núcleo” es común.
4) Estructura general de un IMV: el “esqueleto” del protocolo
4.1 Mando sanitario y roles
Una respuesta IMV necesita un mando sanitario claro y roles funcionales. Lo habitual es que, hasta la llegada de refuerzos, la primera unidad avanzada asuma el inicio de la organización y se asignen responsables por funciones, por ejemplo:
- Mando Sanitario (MS): dirige la parte sanitaria global.
- Responsable de Triaje: organiza clasificación y reevaluación.
- Responsable de Tratamiento / PSA: controla la estabilización por prioridades.
- Responsable de Evacuación / PCAMB: orden de carga y destinos.
- Responsable de Registros: trazabilidad, listados, tiempos.
- Enlace de Comunicaciones: disciplina radio y canales.
No se trata de “mandar por mandar”, sino de evitar decisiones simultáneas y contradictorias.
En un IMV, la autoridad operativa no es un rango; es una función.
5) Seguridad y valoración de escena: primero, no aumentar el problema
Un IMV puede ser un incidente sanitario… o un incidente de seguridad con víctimas dentro. Si la escena no es segura, el protocolo empieza por:
- Estacionamiento con criterio (accesos y salidas libres).
- Uso de EPI adecuado.
- Identificación de riesgos: tráfico, incendios, derrumbes, electricidad, sustancias peligrosas, violencia, etc.
- Coordinación con rescate y fuerzas de seguridad para delimitar perímetros.
Aquí el concepto es sencillo:
no se “gana” un IMV generando nuevas víctimas entre los intervinientes.
6) Zonificación: ordenar el espacio para ordenar el trabajo
Los IMV se sostienen sobre un principio logístico: si el espacio está bien organizado, el flujo funciona.
La zonificación típica divide el entorno en:
Zona caliente (área de salvamento)
- Donde está el impacto y el riesgo.
- Actúan rescate/extricación.
- Sanitario: intervenciones muy básicas y salvadoras, extracción priorizada.
Zona templada (área de socorro)
- Ya es relativamente segura.
- Se instala el Puesto Sanitario Avanzado (PSA) o punto asistencial.
- Se ubican el nido de heridos y el redil de ilesos.
- Se hace clasificación, tratamiento y preparación de evacuación.
Zona fría (área base)
- Mando, logística, reserva, descanso, coordinación con otras agencias.
- Control de medios y, si procede, relación con prensa.
La zona no es un “dibujo bonito”: es lo que evita que camillas, ambulancias, material y personas deambulen sin control.
7) Triaje: priorizar cuando no se puede atender a todos a la vez
El triaje es el corazón del IMV, pero conviene entenderlo bien:
- No es diagnóstico.
- No es definitivo.
- No es “quién está peor”, sino quién se beneficia más con los recursos disponibles.
- Es dinámico: un paciente puede cambiar de categoría.
Triaje básico (rápido)
Se usa para clasificar en segundos/minutos con criterios funcionales (marcha, respiración, perfusión, estado mental). La regla habitual es:
- Clasificar rápido.
- Hacer solo maniobras salvadoras imprescindibles.
- Mover hacia circuitos correctos (verde/amarillo/rojo).
Triaje avanzado (en PSA)
En el PSA, con más tiempo y medios, se prioriza con evaluación más clínica y decisiones de estabilización y evacuación.
Colores (lenguaje universal)
- Rojo: prioridad absoluta (críticos recuperables).
- Amarillo: urgentes pero estables.
- Verde: leves/deambulatorios.
- Negro: fallecidos o expectantes según escenario y recursos.
El valor real del color no es “la etiqueta”, sino lo que activa: circuito, tratamiento, destino y orden de evacuación.
8) PSA: el “hospital mínimo” que evita el colapso
El Puesto Sanitario Avanzado (PSA) es una estructura (más o menos grande según el nivel) donde se organizan:
- Área de críticos (rojos).
- Área de urgentes (amarillos).
- Área de leves (verdes) o su enlace con el redil.
- Circuito de entrada (desde rescate) y salida (hacia evacuación/PCAMB).
Su función no es “hacerlo todo”, sino:
- estabilizar lo imprescindible,
- preparar evacuación ordenada,
- evitar que la escena se convierta en un “amontonamiento”.
9) Evacuación y PCAMB: la diferencia entre una salida eficaz y un desastre
En un IMV, evacuar mal puede ser peor que evacuar tarde.
La cadena de evacuación (norias)
Los protocolos suelen definir “norias” o escalones de movimiento:
- extracción desde zona caliente,
- traslado hacia clasificación/PSA,
- salida a hospitales desde el punto de carga.
Esto permite que cada tramo tenga su equipo y su ritmo, y que el sistema no se atasque.
PCAMB (Puesto de Carga de Ambulancias)
Es un punto controlado donde se decide y registra:
- quién sale,
- en qué recurso,
- a qué hospital,
- a qué hora.
El PCAMB evita:
- fugas de heridos hacia ambulancias “por iniciativa propia”,
- dispersión hospitalaria caótica,
- pérdida de trazabilidad.
La evacuación, además, debe coordinarse con el centro coordinador para repartir pacientes según capacidades, evitando saturación.

10) Comunicaciones: menos palabras, más información útil
Las comunicaciones IMV fallan por dos razones:
- exceso de mensajes,
- mensajes sin estructura.
Por eso se insiste en:
- mensajes cortos y confirmados,
- canales por función si es posible,
- priorizar seguridad, balance de víctimas, necesidades y evacuación.
La comunicación “bonita” no es la que suena profesional: es la que permite tomar decisiones con claridad.
11) Registros: sin trazabilidad no hay control (ni cierre)
En un IMV, si no se registra, “no existe”. Los protocolos suelen exigir como mínimo:
- tarjeta de triaje con identificación, categoría y reevaluaciones,
- listado de evacuaciones (hora, recurso, destino),
- balance final.
Los registros son operativos, no burocráticos:
- ayudan a familiares,
- ayudan al centro coordinador,
- protegen legalmente,
- permiten aprender y mejorar.
12) Apoyo psicosocial: gestionar el “lado invisible” del IMV
En un IMV hay víctimas físicas y víctimas emocionales. La gestión de ilesos (verdes) y familiares puede consumir recursos si no se organiza:
- redil de ilesos con control y reevaluación,
- primeros auxilios psicológicos básicos,
- derivación cuando haya equipos especializados.
Además, el propio interviniente puede necesitar debriefing y seguimiento tras incidentes con alta carga emocional.
13) Formación y simulacros: un protocolo no entrenado no existe
Los protocolos IMV funcionan cuando se entrenan. Lo habitual es:
- formación inicial (roles, triaje, comunicaciones, zonificación),
- simulacros conjuntos (sanitario + rescate + seguridad + coordinación),
- evaluación posterior y mejora continua.
Un protocolo bien escrito pero no practicado se rompe en el primer escenario real.
14) Enfoque nacional y adaptación autonómica
Como propuesta nacional, el protocolo debe mantener un núcleo común (mando, zonificación, triaje, PSA, evacuación, registros), pero incluir una cláusula clara:
- Cada Comunidad Autónoma ajustará:
- la estructura del centro coordinador,
- la nomenclatura de mandos,
- los recursos disponibles y su tipología,
- los planes territoriales y procedimientos internos,
- los circuitos hospitalarios de referencia.
Esto garantiza coherencia nacional sin imponer detalles que dependen de la organización territorial.
Conclusión: por qué estos protocolos importan
Los protocolos IMV existen porque, cuando hay muchas víctimas, el enemigo principal es el desorden. Un IMV bien gestionado:
- prioriza de forma justa y eficaz,
- protege a intervinientes,
- estabiliza lo imprescindible,
- evacúa con control,
- evita colapsos hospitalarios,
- deja registros trazables,
- aprende para la próxima.
Y ese es el punto: no se trata de “hacer más”, sino de hacer lo correcto, en el orden correcto, con la coordinación correcta.