En Andalucía llevamos demasiado tiempo asistiendo a una práctica que muchos intentan presentar como normal, pero que no lo es. El Técnico en Emergencias Sanitarias, TES, no puede seguir siendo el recurso comodín de un sistema mal organizado, sobrecargado y cada vez más acostumbrado a desplazar funciones de unas categorías a otras sin resolver el problema de fondo.
PLATESA quiere denunciar una realidad que numerosos compañeros conocen de primera mano: mientras en otras zonas de España el TES realiza su trabajo dentro de unos límites razonables, en Andalucía se le obliga con demasiada frecuencia a asumir tareas impropias dentro de hospitales, prolongando la ocupación de la ambulancia, retrasando la disponibilidad del recurso y perjudicando de forma directa a los pacientes que esperan.
No estamos hablando de una cuestión menor. Estamos hablando de calidad asistencial, de tiempos de respuesta, de organización sanitaria y de respeto profesional.
El TES no está para hacer de celador dentro del hospital
El TES tiene una función clara dentro del sistema sanitario. Su papel está vinculado al traslado sanitario, a la atención inicial y al soporte asistencial propio del transporte sanitario. Sin embargo, en Andalucía se ha ido consolidando una dinámica profundamente preocupante: al llegar al hospital, el servicio no termina donde debería terminar, sino que muchas veces continúa con el profesional de ambulancia asumiendo cometidos que no le corresponden.
Subir a plantas, prolongar transferencias de pacientes más allá de lo razonable, asumir movimientos internos o quedar retenido en tareas ajenas al transporte sanitario se ha convertido en demasiados casos en una rutina encubierta. Y eso no puede aceptarse como algo normal.
No es serio. No es justo. Y, sobre todo, no es bueno para el paciente.
Cada minuto retenido dentro del hospital es un minuto perdido fuera
Aquí está una de las claves que algunos responsables parecen no querer ver.
Cuando una ambulancia queda inmovilizada más tiempo del necesario porque el TES tiene que asumir funciones impropias dentro del hospital, ese recurso deja de estar disponible para el siguiente servicio. Mientras el profesional está haciendo un trabajo que no le corresponde, puede haber otro paciente esperando una urgencia, un traslado prioritario o una atención que se retrasa innecesariamente.
Es decir, este abuso no solo afecta al TES. Afecta también a la ciudadanía.
Cada vez que se obliga al equipo de ambulancia a prolongar su intervención por una mala organización interna del centro, se deteriora la capacidad de respuesta del sistema. Y cuando se deteriora la respuesta, se resiente la calidad asistencial.
Después vendrán los discursos vacíos sobre eficiencia, coordinación o mejora del servicio. Pero la realidad diaria es otra: si el TES está dentro haciendo de celador, la ambulancia no está donde debería estar.
En otras comunidades esto no se consiente de la misma manera
Los testimonios que nos han trasladado compañeros de fuera de Andalucía van en una línea muy clara: en otros territorios no se da por hecho que el TES tenga que asumir este tipo de tareas dentro de los hospitales.
Y esto es muy importante decirlo.
Porque desmonta la excusa de que “esto siempre se ha hecho así” o de que “forma parte del trabajo”. No. No forma parte del trabajo en todas partes. No es una obligación natural del puesto. No es una consecuencia inevitable del transporte sanitario.
Es una forma concreta de organizar mal los recursos, de normalizar abusos y de cargar sobre el eslabón más visible del sistema una falta de planificación que corresponde resolver a otros.
Cuando fuera de Andalucía estas prácticas no se toleran de la misma manera, queda todavía más claro que aquí no estamos ante una necesidad técnica, sino ante una deriva organizativa que alguien debería corregir de una vez.
El problema no es solo laboral, es estructural
Lo que se está viendo en muchos entornos sanitarios no es un fallo puntual. Es una cadena de desajustes que acaba repercutiendo en todos.
Al TES se le cargan funciones impropias. A los celadores, en no pocos casos, se les derivan tareas administrativas o cometidos que también desdibujan su papel. Y mientras tanto, el peso real del funcionamiento del servicio público se va desplazando hacia empresas privadas y recursos externos, muchas veces sin una planificación transparente, sin un control suficiente y sin que el centro del debate sea el paciente.
Ese modelo no mejora la sanidad. La debilita.
Porque cuando un sistema empieza a funcionar a base de mezclar funciones, improvisar sobre la marcha y tapar carencias estructurales con profesionales que no deberían estar supliendo esos huecos, lo que se genera no es eficiencia. Lo que se genera es desgaste, demora y peor servicio.
No se puede pedir profesionalización y luego vaciarla de contenido
Durante años se ha defendido la importancia de profesionalizar el transporte sanitario, de exigir formación específica, de reconocer competencias y de mejorar la calidad del servicio. Pero todo ese discurso pierde credibilidad cuando después se permite que el TES sea utilizado como una pieza de relleno para tareas ajenas a su función.
No tiene sentido exigir cualificación profesional para luego emplear a ese profesional como parche organizativo del sistema.
No tiene sentido hablar de calidad cuando se inmovilizan recursos por prácticas que deberían estar ya revisadas.
No tiene sentido presumir de ordenación sanitaria cuando el día a día demuestra exactamente lo contrario.
El paciente no merece pagar las consecuencias de una mala gestión
PLATESA quiere insistir en algo fundamental: esta denuncia no va contra ninguna categoría profesional. No se trata de enfrentar a TES, celadores u otros trabajadores del sistema. El problema no son los profesionales. El problema es la mala organización que enfrenta a unos con otros porque la Administración no resuelve las carencias donde debe resolverlas.
Defender que el TES no asuma tareas impropias no es corporativismo. Es defender que cada profesional desempeñe su función, que cada recurso esté disponible para aquello para lo que fue concebido y que el paciente reciba una atención más rápida, más ordenada y más segura.
Porque cuando el sistema funciona mal, la factura final siempre termina llegando al mismo sitio: al ciudadano.
Andalucía no puede seguir mirando hacia otro lado
Ya no bastan los silencios, ni las excusas, ni los discursos administrativos que intentan maquillar una realidad que los compañeros viven cada día. Andalucía necesita una revisión seria del funcionamiento real del transporte sanitario y de los circuitos hospitalarios que están reteniendo recursos de ambulancia en tareas impropias.
No se puede seguir descargando sobre los TES la falta de personal, la mala distribución de funciones o la ausencia de soluciones organizativas dentro de los hospitales.
No se puede seguir exigiendo a los profesionales que aguanten, que colaboren, que resuelvan y que callen, mientras el sistema continúa beneficiándose de esa disponibilidad forzada.
Y no se puede seguir deteriorando un servicio esencial justo cuando la ciudadanía exige más garantías, más rapidez y más calidad en la atención sanitaria.
A las puertas de nuevas elecciones, conviene tomar nota
También hay que decirlo con claridad.
Mantener este tipo de abusos, mirar hacia otro lado y permitir que la calidad del transporte sanitario siga resintiéndose no parece la mejor estrategia para quienes pronto volverán a pedir confianza en las urnas.
Los profesionales están cansados.
Los pacientes sufren las consecuencias.
Y la ciudadanía percibe perfectamente cuándo un servicio funciona peor de lo que debería.
Cuando una ambulancia tarda más, se nota.
Cuando un recurso no está disponible porque ha quedado atrapado en tareas impropias, se nota.
Cuando los trabajadores denuncian abusos de forma reiterada y la Administración no actúa, también se nota.
Las malas decisiones acaban teniendo coste. Y más aún cuando afectan a un servicio tan sensible como la atención sanitaria urgente y el transporte de pacientes.
Lo que exige PLATESA
Desde PLATESA exigimos que esta situación deje de normalizarse y se adopten medidas reales, no declaraciones vacías.
Exigimos que se delimiten claramente las funciones del TES y que se impida su utilización sistemática para tareas ajenas al transporte sanitario.
Exigimos que se revisen los circuitos hospitalarios que prolongan innecesariamente la retención de ambulancias y profesionales.
Exigimos que las carencias de personal o de organización dentro de los centros sanitarios se resuelvan donde corresponde, sin cargar ese problema sobre el transporte sanitario.
Exigimos que se respete a todas las categorías profesionales y que se deje de utilizar la confusión funcional como fórmula barata para sostener un sistema tensionado.
Y exigimos, por encima de todo, que se piense en el paciente, que es quien termina soportando las consecuencias de cada retraso, de cada mala decisión y de cada minuto perdido.
Defender al TES es defender al paciente
En Andalucía ya es hora de decirlo alto y claro: el TES no puede seguir siendo el comodín de un sistema que lleva demasiado tiempo abusando de su disponibilidad, de su compromiso y de su silencio.
El transporte sanitario está para trasladar, asistir, responder y salvar tiempo clínico. No para suplir indefiniciones organizativas ni para asumir funciones que otros deberían estar cubriendo.
Si de verdad se quiere una sanidad pública eficaz, digna y bien organizada, hay que empezar por respetar a quienes sostienen una parte esencial de la cadena asistencial.
Porque cuando se maltrata al TES, no solo se perjudica al profesional.
También se perjudica al paciente.
Y eso, sencillamente, no debería tolerarse más.
PLATESA denuncia que en Andalucía se está abusando del TES, obligándolo a asumir funciones impropias dentro de hospitales. Esta situación retrasa la disponibilidad de las ambulancias y perjudica directamente al paciente.
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PLATESA denuncia el abuso de funciones al TES en Andalucía. Retener ambulancias en tareas impropias perjudica al profesional y empeora la atención al paciente.
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